
Historia
Comayagua y sus alrededores son ricos en tradición histórica desde tiempos precolombinos. Se sabe que en principio el Valle de Comayagua fue habitado por grupos indÃgenas de origen Lenca, y era de hecho un espacio de constante tránsito para diversos grupos indÃgenas. De esa época aún se preservan vestigios como los encontrados en 1949 a orillas del RÃo Humuya en Yarumela, La Paz; que incluye ollas y vasijas globulares pintadas de color rojo, agregados de barro e incisiones (Joel Canby 1949). Sin embargo el asentamiento más destacado en la zona lo constituye la Aldea El Chilcal que data aproximadamente del año 3000aC.
Durante los primeros años de la Colonia, las labores de conquista incluÃan el sometimiento de cualquier grupo indÃgena. Es asà como la fundación de Comayagua el 8 de diciembre de 1537, coincidió con la época en que las revueltas indÃgenas azotaban el centro y occidente del paÃs. El adelantado don Francisco de Montejo que le dio el nombre de Santa MarÃa de la Nueva Valladolid de Comayagua, eligió el valle por varias razones:
- Se sabe que en la zona existÃan riquezas mineras de oro y plata entre las que surgieron las minas de Opoteca. Representaba también un acceso a la rica región minera de Olancho.
- Era un punto estratégico de control para los españoles por encontrarse equidistante entre el océano Atlántico y PacÃfico, asà como entre Guatemala y Nicaragua.
Con el paso de los años Comayagua cambió su nombre a Villa de la Concepción de la Nueva Valladolid por orden del Rey de España en 1543, y ya para 1557 Felipe II le habÃa otorgado el tÃtulo de ciudad, convirtiéndola asà en la sede del poder eclesiástico y civil, económico e incluso cultural de los españoles.
Siglos más tarde, el 28 de septiembre de 1821, Comayagua tuvo el honor de recibir los Pliegos de Independencia que dÃas antes habÃan sido firmados en Guatemala, como proclama de que los paÃses de Centroamérica y México se convertÃan en pueblos libres del dominio español. Rápidamente esta ciudad se convirtió en capital de Honduras, hasta que a finales de 1800 el Presidente Marco Aurelio Soto traslado la capital primeramente a La Paz y luego a Tegucigalpa.
Aún con el paso del tiempo, la ciudad no ha perdido su importancia y hoy en dÃa continua siendo un Ãcono de relevancia para Honduras, no sólo desde el punto de vista histórico, sino arquitectónico con su bien conservado Centro Histórico, y el esplendor religioso con que la ciudad celebra la Semana Santa y otras festividades culturales.








